Una enfermera sin guantes

Tras unos días en la Unidad de Valoración Geriátrica empiezo a comprender mejor cuál es su labor, aunque creo que sólo he abierto una puerta a un universo distinto dentro de un mismo espacio físico, el hospital.

En 1º curso aprendimos que “el hombre es un ser bio-psico-social” pero es ahora cuando toma protagonismo la esfera SOCIAL y se manifiesta en las actuaciones de las enfermeras de esta unidad. En el hospital, es habitual que el foco de atención de la enfermera esté centrado en el tiempo presente: saber cuál es el estado actual del paciente para llevar a cabo unas acciones de manera inmediata o bien en un futuro próximo, que será el tiempo que dure la hospitalización. Es habitual que se utilice una sofisticada tecnología y diversas técnicas instrumentales. 

En cambio, las enfermeras geriátricas trabajan con una proyección de futuro que va más allá de la hospitalización, un futuro a medio plazo de semanas o meses o incluso a largo plazo, que será toda la vida del paciente. Las herramientas de trabajo cambian radicalmente. Ahora la comunicación es un pilar fundamental y de manera objetiva, las escalas de Valoración Geriátrica Integral (VGI) ayudarán a tomar las decisiones en cuanto a los recursos disponibles. La enfermera debe pensar en un escenario distinto del medio hospitalario.  Debe pensar en cómo tendrá lugar el cuidado (autocuidado o cuidado dependiente) en el entorno habitual del paciente, sus ABVD y AIVD. Las habilidades sociales en comunicación serán imprescindibles, ya que la enfermera debe entrevistar al paciente y sus familiares para recoger los datos necesarios relativos a vivienda, red social, recursos económicos y también debe relacionarse con multitud de especialidades médicas con muy diversos enfoques, generalmente más próximos conceptualmente a un modelo biomédico centrado en la resolución de la patología aguda. 

Esto exige un profundo conocimiento de cuáles son los perfiles de pacientes idóneos para cada una de las unidades disponibles: media estancia o recuperación funcional, larga estancia, residencia privada, teleasistencia a domicilio, cuidador en casa. Hay múltiples variables en la vida de una persona que condicionan esta toma de decisión y deben ser ponderadas de manera adecuada. 

Es llamativo el perfil personal de los médicos que han elegido esta especialidad y puede resumirse en una anécdota, en la taquilla de la geriatra pone una pegatina que dice así: “Age doesn’t matter unless you are a cheese”. Y también, en la consulta aparecen viñetas de Forges desdramatizando esta etapa de la vida. 

Teniendo en cuenta mi itinerario de prácticas a lo largo de estos tres años, sólo he encontrado otra especialidad médica cuya percepción de la persona se encontrara próxima a la de la enfermera: cuidados paliativos en oncología. En ambos casos el trabajo en equipo constituía una realidad. Aunque en Geriatría es donde se lleva a cabo de una manera formal y programada, todas las mañanas hay reunión de equipo. 

Para finalizar, me quedaré con las palabras de un familiar: “Le voy a dar las gracias por cómo me está hablando, porque nadie antes lo hizo así”

Noelia Bravo.

Una respuesta a Una enfermera sin guantes

  1. jvillalba dice:

    Con la comunicación sucede algo cuando menos curioso: se produce a pesar nuestro, lo queramos o no, hablemos o callemos, incluso cuando alguien se propone ‘incomunicarse’, cerrarse en si mismo; es más, el silencio comunica. Al final, “no todo es comunicación, pero la comunicación está en todo”.

    Te refieres a la importancia de la comunicación (“Ahora la comunicación es un pilar fundamental”) en el ámbito geriátrico, pero no lo es menos en cualesquiera otras esferas de la vida cotidiana, si bien estoy de acuerdo contigo en que hay momentos, situaciones, en los que el hecho de comunicarse –que también incluye sentirse escuchados- cobra especial relieve.

    Nos ceñimos ahora, en el escenario que considera tu post, a la comunicación interpersonal, pues la relación asistencial suele producirse en la distancia corta, en el ámbito reducido de dos y pocas más personas, en cercanía, normalmente cara a cara y en una situación asimétrica en la que el paciente suele o puede estar en inferioridad de condiciones emocionales. Así, la comunicación se eleva de nivel para convertirse en un elemento terapéutico. Cada palabra, cada frase, pueden tener el valor de un asidero.

    Todos los profesionales deberían, cuando menos, ser conscientes del valor de la palabra y de los efectos de la comunicación en la práctica asistencial: un instrumental al servicio de la salud con el que no todos saben operar, pero lo cierto es que representan la distancia entre la esperanza y la desesperación, tal y como demuestra la expresión agradecida del familiar que mencionas: “Le voy a dar las gracias por cómo me está hablando, porque nadie antes lo hizo así”.

    © jvillalba [wm_ategg]

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