Administración de la medicación habitual

Hace algunos meses, algunas de las compañeras que realizamos las prácticas de Geriatría en el presente curso estuvimos cenando y debatiendo sobre una cuestión. Y en mis actuales prácticas en un Centro de Salud he hablado del tema con un paciente. Quisiera compartirla con todo el que desee, y conocer vuestra opinión. Todos los días se hospitalizan ancianos polimedicados. ¿Cuál es la práctica para su administración habitual y qué sería lo más correcto?

Si el anciano prefiere que la enfermera se haga cargo de su medicación, no existe ningún problema. Pero el anciano puede desear seguir siendo el responsable de dicha medicación, como ha estado haciendo durante años y hasta el día previo a su ingreso (nos situamos en un caso en el que el motivo de su ingreso no va a modificar su capacidad para esta acción).

Entonces, desde cierto punto de vista, ésta es una actitud positiva, demuestra un locus de control interno, se le hace partícipe de su cuidado, sigue teniendo sus responsabilidades  y no da pie a la afirmación de muchos ancianos de: “entra uno en el hospital y parece que es tonto y no sabe hacer nada”. Siendo una persona en plenas capacidades de madurez y juicio, creo que el negar esta posibilidad es prejuiciosa, es suponer que por tener cierta edad no va a poder hacerse cargo.

Sin embargo, también se puede razonar de la siguiente manera. Aunque él desee autoadministrarse su medicación habitual, que claro que puede hacer, siempre alguien debe estar presente en ese momento para corroborarlo, porque si nos miente o se confunde y no se la ha tomado, la responsabilidad será de la enfermera.  Por tanto, es nuestro deber supervisar esta acción.

Así que, ¿es necesario supervisar una acción que el anciano realiza en su domicilio sin supervisión por estar hospitalizado?

2 respuestas a Administración de la medicación habitual

  1. isabel dice:

    Bueno, Raquel, más o menos ya sabes mi opinión sobre el tema… pero brevemente te diré que todo dependerá de la capacidad de decisión que tenga el paciente. Me refiero a que un paciente que haya llevado un control adecuado de su tratamiento habitual de forma correcta en su vida normal, ¿por qué no ha de hacerlo en el hospital? ¿por qué hemos de estar encima de él para que se tome esto o lo otro? Por supuesto hemos de indicarle cuándo es mejor que lo tome, por si puede interactuar con otros fármacos que se le estén dando de nuevas o podemos supervisar, desde fuera, si realmente lo hace. Pero realmente, ¿no será el propio paciente el que querrá gozar de una buena salud, por lo tanto intentará tomarse la medicación, o hará cualquier indicación realizada por los profesionales?

    Claro está, que habrá excepciones, como en todo. Por ejemplo, un paciente con un Alzheimer avanzado o, incluso en su inicio si me apuras, habrá que indicarle cuándo,cómo tomar la medicación, pero a un señor que lleva tomando años una misma medicación, no tenemos por qué hacerle cambiar ciertos hábitos (siempre y cuando no esté contraindicado)

    Por supuesto, es mi opinión. Como enfermeras debemos tratar al paciente como persona dejándole interferir en su propia salud. Siempre valorando, preguntando y registrando todo.

    Y también decir, que todo esto no depende de la edad en sí. Imaginémonos a nosotros ingresados e incapacitados por el médico-enfermera para tomar decisiones sobre nuestra propia salud, teniendo conocimiento de las cosas…
    No sé, a veces sólo nos damos cuenta de las cosas cuando nos toca, si no pues tratamos a los demás casi casi como trámites para no pillarnos los dedos.

    Bueno, pues aquí tienes una opinión más. Espero que al menos te sirva para reflexionar un poco más…

    • raquelruizii dice:

      De acuerdo con todo lo que dices.
      Aquí os indicó un hecho real que me comentó Alicia en aquella cena de la que os hablo: adolescente diabética que ingresó en el hospital, y tal como hacía en su domicilio, se controlaba ella misma los niveles de glucemia. Por miedo a que no le dieran el alta hospitalaria, mintió a su enfermera en la medida que le había dado en el control glucémico previo a su salida del hospital. A las pocas horas de salir de alta, regresó por urgencia con un episodio importante de hiperglucemia, que tuvo complicaciones importantes. Quizá fue un error de valoración en las capacidades volitivas de la paciente.

      Considero que éste es un episodio triste pero excepcional; pero el asumir como generalidad que no se puede confiar en lo que nos dice el paciente es una práctica que sí podemos ver en determinadas situaciones clínicas; por ejemplo, con respecto al dolor.

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