LA ESCALA DE ORPINGTON

La escala de Orpington es utilizada en la Unidad de Valoración Geriátrica como un instrumento de ayuda en la planificación de la ubicación al alta de los pacientes con ACVA.  

Los pacientes inician un programa de fisioterapia en la planta de neurología, posteriormente, si son capaces de colaborar y tienen una posibilidad aparente de mejora funcional parcial o completa son trasladados a una UME o URF (unidades de media estancia o de recuperación funcional). Estas unidades se ofrecen a aquellos pacientes en los que quedan secuelas que requieren una intervención encaminada a la recuperación funcional en las actividades básicas e instrumentales de la vida diaria, previa a su integración en la comunidad. Generalmente se trata de pacientes geriátricos con fractura de cadera, ACVA y síndromes de inmovilidad intrahospitalarios. La estancia en estas unidades se limita a tres semanas, en las que se esperan obtener beneficios suficientes que permitan a la persona desenvolverse en su entorno, teniendo en cuenta la reorganización familiar y las modificaciones estructurales pertinentes.  Cuando este tiempo resulta insuficiente para obtener un beneficio apreciable, se busca el traslado a una ULE (unidad de larga estancia) en la que fuese factible una recuperación funcional para ese paciente.

En el momento de decidir de qué recurso sanitario se va a beneficiar más el paciente con ACVA, se tiene en cuenta el resultado en la escala de Orpington, que realiza un pronóstico de la recuperación funcional a corto/medio plazo. En ella se pueden obtener tres puntuaciones:

–          ˂ 3: existe un buen pronóstico funcional a corto/medio plazo sin que sea necesario un tratamiento rehabilitador o siendo suficiente si es de carácter ambulatorio.

–          3-5: existe un moderado pronóstico funcional, siendo necesaria una rehabilitación funcional. Por lo que son los pacientes que más se beneficiarían de una UME o URF.

–          ˃ 5: el pronóstico funcional a corto/medio plazo es malo, por lo que una estancia en UME o URF sería insuficiente al menos en ese periodo de tiempo que ofrecen. Serían candidatos a instituciones sanitarias de larga estancia (ULE), instituciones sociales (residencias de ancianos) o domicilios con apoyo sanitario-social con revisiones periódicas de los cambios funcionales y/o neurológicos.

En la escala de Orpington tiene mucho peso el resultado obtenido en el test de Pfeiffer, pues el estado mental del paciente determina el grado de participación que se exige en las UME o URF para que pueda haber un beneficio funcional real en el tiempo que ofrecen.

Me gustaría terminar recordando que estas escalas son sólo un instrumento  de apoyo en la Valoración Geriátrica Integral, no sustituyendo o solapando en ningún momento el juicio de los profesionales sanitarios implicados en el proceso (enfermeras, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, médicos, trabajadores sociales etc.).

Blanca Ibernón

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